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2 mayo, 2012

Sunny

Ni un viaje más, me dije, con el pesado mochilón y arrastrando el trípode como si fuese un perrillo faldero (*). Total, también podía ir ligero y tener negativos grandes usando ese juguete que traje de un viaje a precio regalado. Si antes la gente iba por la vida con lo mínimo, sin auxilio electrónico, y disparando poco menos que a ojo, qué motivos podría tener yo para no salir a la calle con lo puesto, el cacharro mecánico, y el escaso conocimiento técnico que suponía conocer la regla del Sunny 16. Deambulé por ahí a diario con la Zeiss en el bolsillo de la cazadora, recordándome todo el rato eso de la velocidad inversa a la sensibilidad de la película y el efe en dieciséis. Es cierto que también llevaba en otro bolsillo un Gossen Bisix del año de la polka y un cable disparador que apenas usé para unos disparos disimulados en interior y otros de noche. Todo lo que tuve que hacer fue seguir la regla, y tener paciencia en algunas tomas. Las nocturnas salieron de pena, las de interior –que quería movidas- insulsas, y estas otras, a pleno sol, con el velo cabrón de ciertos reflejos que se deben de colar por el fuelle en algún punto roto, pero perfectas de exposición. El asunto de la fotografía callejera fue un desastre, la mayoría de las fotografías de la sobria Pasión castellana quedaron solamente en mi cabeza, tuve un ligero percance con un curilla joven que se sintió acosado –el sabrá si tenía razones o no para sentirse así- por mi actitud torpemente disimulada, y casi termino intimando con la señora de la casa de enfrente, que no me quitó el ojo de encima mientras yo esperaba paciente, en mi balcón soleado, a que alguien se colocase en el sitio exacto entre las líneas de sombra de un improvisado reloj de sol al mediodía manchego.

Notas: Fotografías realizadas con una Zeiss Ikon SuperIkonta 531, película HP5+, EI nominal, revelada con HC110, 1+63, 10′ @ 21º. La foto pequeña es de la hoja de contactos sobre Fomaspeed RC, y la grande es una copia directa sobre Oriental Seagull Warmtone, #2.

(*) “Edward Steichen era dueño de un perro de tres patas, al que llamaba Trípode”. (Ted Orland).

24 abril, 2012

Con los sueños de otros

De la sangre que te bebo,

tomo tu vida, tomo tus sueños,

y te tomo a ti.

[Dracula Frizzi de Alvarius B.]

Hay algo hermoso en sacar a la luz las fotografías de otros, hermoso y trágico. Lejos de la mera cuestión técnica, que no va más allá de cuatro elecciones que, simplemente,  son de manual, el verdadero problema es el de la asunción como propio del material que tienes delante, un material -ahora en tus manos- tan ajeno como para no ser tuyo jamás. Sí, te ofrece algo de lo vivido, y te hace partícipe del sueño, pero es apenas un rastro leve de lo que mueve al ojo tras la cámara. Hermoso y trágico, tal vez por ser primerizo…

Notas: Las fotos fueron tomadas por mi amiga Nuria Escrivà con una Rolleiflex T sobre película Ilford FP4+, EI 125, que revelé en HC110, 1+63, durante 18 minutos @22º. Las copias están sobre Oriental Seagull New Select VC, brillo, grado #2, con una imagen de 18×18. El revelador es  G.262. Son copias directas con un quemado ligero (+1/4) del cielo.   

19 abril, 2012

Queridos

caigo ahora en la cuenta de que no tengo fotografías de mis seres queridos, fotografías de verdad, porque repartidas entre ordenadores y teléfonos móviles guardo centenares de fotos hechas con su cámara externa, la interna, posando o al tuntún, todas capturadas deprisa, y la mayoría vistas justo después de la toma, nada más, pero no me refiero a éstas, sino a fotos de verdad, realizadas con todos los sentidos e intención, los mismos, la misma, que pongo cuando estoy delante de cuatro piedras o un grupo de árboles, de esas casi no tengo, una o dos, desastrosas, de mi madre, de mi hija, una misma foto repetida veinte veces, ninguna de mi hermana, ninguna de su hija, mi sobrina, nada de nada de parientes que vayan más allá del primer grado, solamente un par de fotos lejanas de mi mujer, que son la injusta recompensa por tanto cuidado amoroso a mi afición fotográfica, mi madre guarda en una vieja lata de cacao, negra y decorada con figuras de chinos, la historia familiar de tres generaciones contada sobre pedazos de papel fotográfico descolorido, tras de mí, yo no podré dejar ni eso

Notas: Las fotografías se tomaron con una Zeiss Ikon SuperIkonta 531 sobre película Ilford HP5+, a sensibilidad nominal, con una apertura de f/16 y velocidad de 1/2 segundo; después se reveló con HC110, 1+63, 10′ @ 21º. Las tres son copias directas en grado #2; la de arriba sobre Fomatone MG Classic Chamois 542, último recorte de 9×12 de un antiguo paquete. Las dos imagenes pequeñas están sobre Fomatone MG Classic Nature 532, 18×24. Las tres se revelaron, como siempre, con G.262 y no están viradas. La reproducción, con cámara digital, apenas muestra la textura de los papeles, bien distinta a pesar de que ambos se etiquetan como texturados. Los dos tienen un brillo ligero, como de clara de huevo seca, pero el Nature carece de la rugosidad que hace tan agradecido al Chamois.

17 abril, 2012

El remedio

El remedio contra los negativos desastrosos parece resultar definitivo, al menos para mi forma de trabajar y la calidad del agua de esta zona. ¿Pero qué pasa con esos fotogramas afectados por las marcas de lavado o secado? Para estas últimas no queda más remedio que la resignación; para las primeras, algún que otro remedio de aplicación sencilla y riesgo reducido.

Hace algunos años, cuando el foro analógico de photokb aún estaba bastante activo, encontré –y guardé- la respuesta que Richard Knoppow daba a la misma pregunta de cómo tratar las marcas de agua en los negativos. Por lo visto, la mayoría de los rastros son depósitos de carbonato de calcio o magnesio que se eliminan bien con un baño de paro fresco. Suele bastar con el de ácido acético; y si no, se puede probar con ácido cítrico. Yo uso de forma habitual una disolución de 20 gramos de este último en 1 litro de agua como baño de paro, pero para limpiar los negativos resolví utilizar, en su lugar, ácido acético glacial que tenía en el laboratorio. 12 mililitros de éste vertidos -con sumo cuidado y todas las precauciones-  sobre un litro de agua hicieron una buena solución de trabajo.

Hice la primera prueba con un negativo bastante afectado por las marcas de cal y un contenido poco grato para positivar, por lo de evitar riesgos innecesarios con el material bueno. Coloqué el negativo en un breve remojo previo y acto seguido lo pasé al baño limpiador, donde estuvo dos minutos, pasados los cuales procedí a un buen lavado (cinco minutos) del negativo tratado. Para finalizar metí el trozo de película en mi baño final para negativos… 500 ml de agua destilada, 12 ml de alcohol isopropílico y 1 ml de agente humectante.

Tras el secado no quedaba el más mínimo resto de suciedad sobre el negativo de prueba, así que me puse con un fotograma de ese mismo rollo al que tenía verdaderas ganas de meter mano. La limpieza resultó igual de buena y los resultados de su positivado son los que se pueden ver aquí.

Notas: Las tres fotografías están copiadas sobre papel Oriental New Seagull Select VC, brillo, 24×30, revelado en G.262. Las dos imágenes pequeñas están ampliadas sobre las hojas a tamaño completo y usando filtrado partido, mientras que la imagen más grande lo está sobre la mitad de una hoja usando un filtrado de grado #2. La copia pequeña a la izquierda no está virada; por contra, las otras dos fueron viradas, en distintos intensidades, con tiourea y selenio. Las imágenes que se muestran proceden de la reproducción con una cámara digital de las copias en papel.

2 abril, 2012

Tanta primavera va a matarme

En lugar de renovarme y florecer, que es lo que se supone que hace la primavera, yo sigo haciendo uso de viejas fotografías. Tampoco parece que este año los días primaverales hayan supuesto una ruptura con los rigores del invierno –ni en lo climatológico, ni en ninguna otra faceta de los tiempos duros que nos está tocando vivir- así que esta larga y vieja primavera que llevamos arrastrando desde octubre, más que ilusión, luminosidad y optimismo renovado, nos va a seguir obsequiando con desazones e inquietudes, hasta que termine por matarnos. Ayer, por fin, llovía mientras atravesábamos los montes del fondo de la foto.

Nota: Fotografía tomada con un 110 mm sobre Ilford HP5+, revelado en HC110. Copia de 30×40 en Ilford Warmtone, brillo; G262. Lavado ligero en sepia.

27 marzo, 2012

Estado de gracia

tiendo a pensar que le pasa a todo el mundo, aunque nunca llegué a compartir con otros el conjunto de inquietudes que provoca el coger la cámara para salir por ahí a la búsqueda de la imagen total, me ciño a la idea que rige la vida en general, esa de que tiene que haber de todo, bueno y malo, y que su distribución no tiene por qué ser necesariamente equitativa, pero no hablo de la calidad final de los resultados, que en fotografía se admite como buena con un miserablemente bajo porcentaje de fotos aceptables, ni tampoco de la incertidumbre tan propia de la fotografía química de haber dado con los ajustes y el procesado adecuados, me refiero a esa inquietud producida por no saber lo que te vas a encontrar, o aun conociéndolo, no saber cómo vas a abordarlo, porque puede darse el caso de tener eso que llamamos un día malo que dé al traste con tus mejores  deseos y previsiones, son muchos, mayoría en mi caso, los que prometen una jornada de visiones excelsas y cosecha abundante pero terminan convertidos en sesiones monótonas de vagabundeo visual y sequía productiva, solamente unos cuantos, pocos, son tan perfectos en lo escénico y lo técnico que uno parece estar liberando el obturador en estado de gracia, y los resultados, después, presentan la mayor concentración de aciertos que puedes soñar, no fotografías dignas de un pulitzer, sino de esas en las que identificas el conjunto de cualidades que harán que merezca la pena gastar las horas y los medios para encarnar la visión que tenías delante, o dentro

así fue aquella mañana del uno de enero de dosmil ocho (*), las condiciones no pudieron ser mejores, ni el ánimo más proclive, y una vez allí todo fue tan sencillo como dejarse llevar, en un paseo de apenas quinientos metros nos fuimos encontrando todas y cada una de las imágenes que conformaron el corpus fotográfico de aquella mañana de año nuevo, yo tenía una avidez de fotos insaciable, pues mirase donde mirase no había otra cosa que un paisaje magnífico a la espera de ser atrapado, panorámicas de árboles en hileras o sauces solitarios, hierbas y arbustos escarchados, primeros planos, de lo que fuese, definidos con una nitidez asombrosa, colocados frente a un decorado de niebla que difuminaba las ramas sin hojas y las copas lejanas de los árboles, así todo el rato, por todas partes, el ambiente calmado ayudaba además a estar tranquilo, concentrado y atento a cada detalle, solamente contrariado por no abarcarlo todo, por no poder llevarme todo a casa en forma de unas fotos que ya veía flotando en la cubeta de lavado

de los rollos de ese día he aprovechado cada centímetro cuadrado, unos fotogramas han sido más agradecidos que otros pero todos me han servido, incluidos aquellos que por diversas razones aún no han sido copiados, y esperan entre dos hojas de pergamina una oportunidad para volver a recrear aquel día en que recorrimos los campos helados, mientras contemplábamos el mundo a través del visor, en estado de gracia

Notas:  Los datos de las tomas de estas fotografías son los mismos que aparecen en otras entradas muestrando fotografías realizadas en aquella misma jornada.

(*)  Árboles, Simétrica, Actos Vandálicos.

23 marzo, 2012

Árboles

Algo tienen los árboles para que no podamos apartar la vista de ellos y nuestra atención se pegue, de igual modo, al conjunto abigarrado de las masas boscosas o al empeño tozudo por sobresalir del árbol solitario. Algo han de tener los árboles para no escapar a un interés por nuestra parte, tan constante como obsesivo a lo largo de siglos de pintura o décadas de fotografía, que les convierte en comparsas necesarias o protagonistas habituales de la historia del arte. No sé, algo deben de tener.

Nota: Mamiya RZ67 y 50mm. Película Ilford HP5+, EI 200, en Rodinal, 1+50, 13 minutos. Fotografía positivada sobre papel Forte Polywarmtone, brillo, 30×40, revelado en Ansco 120 y virado a sepia.

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