Problema #3. El fotograma número 8
Ahora sí que la hemos liado. Si todo hubiese quedado en una simple banda que estropea un fotograma en un carrete el problema no pasaría de ser una desdicha menor. Si la banda se repite en otros es para mosquearse, pero si la banda repetida en los tres rollos aparece siempre en el octavo fotograma lo que tengo entre las manos es un Expediente X.
Caí en la cuenta al ponerme a copiar la segunda foto que se salvó del desastre de la ya citada Casilla de Salinas. El papel Forte PW 15 y el revelador nuevo dejaron a la vista la imperfección de otra barra oscura a la derecha de la imagen. No pude apreciarlo en una ampliación previa de este fotograma pues quedó enmascarado por el uso del papel en mal estado y el revelador gastado; pero estaba ahí, en la mismísima hoja de contactos, oscura pero visible. Y para colmo, sobre el número 8, en idéntica posición entre las marcas 14 y 15 del fabricante. Más claro, imposible. Dos de las tres películas de Ilford HP5+ tiradas esos días contaban con el mismo estigma, de modo que sólo quedaba comprobar qué pasaba con el tercero. Pues… que estaba también, en el mismo sitio, en el mismo punto, en el mismo orden.
Tres fotogramas estropeados del casón abandonado, una marca que se repite en tres rollos de película distintos y en el fotograma número 8, que es como un 3 doble y reflejado. Demasiadas casualidades, y demasiados números para mí a pesar de ser de ciencias. Creo que voy a empezar a volverme supersticioso.
Buscando las diferencias, un pasatiempo.
Tal vez no son siete como en los pasatiempos, tampoco sé si son muchas más o unas cuantas menos, pero lo que resulta evidente es que hay diferencias. Las dos fotografías parten del único negativo que no se ha visto afectado por la mala suerte o el mal hacer que arruinó el final del rollo de película tirado en la Casilla de Salinas. Es precisamente el que tiene una vista más alejada del tema, el que ofrece las peores condiciones de niebla, y el realizado con menos convicción. A la fuerza, y debido al recorte del primer plano, es el que ha terminado ofreciendo una perspectiva más panorámica.
Fotografía 1.- Realizada sobre papel Agfa Record Rapid, baritado, de grado fijo #2, imagen de 19×10 cm. Revelada en G262 muy gastado. La fuerte sobrexposición y el revelado corto han rebajado el contraste; la mala calidad del revelador ha favorecido un revelado desigual del cielo que le da su puntito a la foto. A mí, particularmente, me gusta.
Fotografía 2.- Copiada sobre Forte PW 15, con un tamaño de imagen de 33×17. Realizada con filtrado partido grados # 4-1/2 y #2, tiempos de exposición ajustados tirando a cortos, y revelado normal en G262 nuevo. Por todo ello muestra un contraste bastante más elevado, técnicamente es más correcta y repetible, pero también algo más sosa. Las sombras en los árboles de la derecha tienden a empastar un poco, pero no tanto como se ve en esta muestra digital fruto de una iluminación deficiente a la hora de la reproducción.
Las que faltaban




Notas: Todas las fotografías están positivadas sobre Agfa Record Rapid #2 y son basicamente copias directas; la primera lleva un quemado adicional del cielo, y la última otro del suelo en el primer plano.
Problema #2
Un artefacto, que diría singlecoated. En el cielo del primer fotograma del último rollo aparecen, surgidas de entre la niebla, dos marcas blancas como trazos oblicuos. No, no es un pájaro, ni es un avión, ni parece probable que sea la estela de la capa de Superman. Parecen los famosos palotes de bromuro (bromide streaks), pero de nuevo, solamente se dan en ese fotograma. Este fenómeno se da por agotamiento del revelador en áreas densas, y suele estar causado, entre otras cosas, por dilución extrema, revelador en stock deficiente o falta de agitación durante el revelado. En este caso el caldo está hecho a base de Rodinal en estado normal -creo- a dilución 1+49, y la agitación ha sido de tres inversiones cada minuto, más o menos el protocolo de otras veces.
En otras ocasiones en que lo he padecido -siempre con HC110 muy oxidado- estas marcas surgían de una forma u otra en casi todos los fotogramas, siendo más evidentes en aquellos que presentaban grandes manchas de cielo. Ahora, sin embargo, solamente aparecen en uno de ellos, no apreciándose en ningún otro de los fotogramas de ese rollo que he ampliado. Sea como fuere, la cuestión es que ahora afecta a una imagen que me importa más porque casa bastante bien con aquello que veía mientras apreciaba a través del objetivo un paisaje escueto como un esquema.
Ya dije anteriormente que hice la mayoría de esas fotografías descontando una parte del cielo y del primer término para darles un formato panorámico acorde con la amplitud del terreno llano de la meseta, de modo que tener que recortar no me suponía ningún problema, ya contaba con ello. Aquí, y por los pelos, ando rozando el límite de lo desechable, lo que me permite salvar la copia sin tener que ponerme a retocar como un loco. Otra cosa es terminar sacando la fotografía que imagino, eso es otro cantar.
Notas: Mamiya RZ67, 180 mm. Ilford HP5+, EI 200, revelado en Rodianl, 1+49. Copias de trabajo sobre Agfa Record Rapid #2. Ambas imágenes, sin recorte y panorámica, son copias diferentes y han sido fotografiadas, a su vez, para obtener los ficheros digitales.
Problema #1
No es ni mucho menos la foto de mi vida, lo sabía también mientras esperaba a que el tractor se colocase donde yo quería, y el resultado sobre el negativo mostró corrección, sin más. La gran mayoría de las fotografías de esos días se pensaron para una especie de formato panorámico, por lo que el futuro recorte de cielo y primer término ya lo daba por descontado desde el momento de colocar el trípode. En la hoja de contactos, moviendo las escuadras de papel, se confirmó lo acertado del formato y comenzó a gustarme la forma en que la carretera se hundía en la niebla, y sobre todo el brillo del guardarail. Por eso le di una oportunidad el viernes por la tarde.
Esta copia y otras de los mismos rollos fueron positivadas en una sesión de pruebas -de esas en las que te fías solamente del ojo y de cierta experiencia adquirida a base de quemar papel- y que, al final, terminó con una bonita colección de fotos de trabajo para el análisis sosegado y la exposición virtual. Colgada de la pinza, y seca, mostró un falló que me desconcertó. A la derecha, en su cuarto más extremo, aparecía una franja oscura diferenciada claramente del resto de la foto. La visión atenta del fotograma en la hoja de contactos lo confirmó. No tengo ni idea de qué ha ocasionado esa diferencia de revelado en ese fotograma, y solamente en ese fotograma, pero está ahí arruinando ésta que no iba a ser la foto de mi vida.
Notas: Negativo realizado sobre película Ilford HP5+, EI200, revelada con Rodinal, 1+99, 20 minutos, 23º. La fotografía es una copia directa de prueba, 10×19 aproximadamente, en Agfa Record Rapid, #2, revelada en G262. La imagen procede de fotografiar la copia de papel.
Una batallita del abuelo
Es lo que tiene fotografiar con película en rollo: el problema de decidir cómo revelar y para qué revelar. Una cuestión que te quitas de encima cuando usas placas –o trozos- de película plana, pero ineludible si tienes fotogramas muy diversos, en lo que respecta a iluminación, dentro del mismo rollo. Ante la duda -dejando de lado, por supuesto, preferencias, importancia, o cantidad de unos y otros- siempre se recomienda revelar para los temas de mayor rango luminoso, acortando el revelado de forma que estos no queden achicharrados en las luces, pero produciendo una inevitable caída de contraste en las fotografías tomadas en condiciones de luz más pobre y uniforme.
Las nieblas no me acompañaron en absoluto en el último viaje, y fui dejándolas atrás a medida que dejaba la Vieja Castilla para adentrarme en territorio manchego. Las mañanas lucían limpias y claras a través de la ventana, y ya en el campo se confirmaba el pronóstico hecho en casa a ojo de buen cubero. Desde los pasos elevados de la autovía todo lo que se podía apreciar era una bruma escasa y lejana que no llegaba a tener la contundencia que yo quería y que, además, se esfumaba en cuanto me situaba en una localización interesante. En esas condiciones fui recorriendo viñedos y olivares de suelo escarchado y aire limpio, y en esas condiciones fui tirando algunas fotos, más por cabezonería y amor propio que por otra cosa. Así gasté varias mañanas y unas pocas fotos que dejaron a medias un rollo que prometía.
Los últimos días empezaron a cambiar lentamente. Al comienzo fueron unas neblinas ligeras que llegaban rápido y se iban igual, bolos les llamó aquel hombre de Villanueva con quien compartí un rato de charla mientras trabajaba el surco de ajos que los conejos se encargaban de devorar por las noches. Sin darme apenas cuenta me encontré una mañana fría y más triste en medio de uno de esos bolos de niebla mientras daba vueltas alrededor de la Casilla de Salinas. Lo vi llegar, avanzando desde Villanueva, despacio pero de forma inexorable hasta que lo cubrió todo. No duró más de veinte minutos, que se pasaron volando mientras trataba de meter en las cuatro últimas fotos lo más interesante que observé en mi periplo manchego. Así, de este modo tonto, me encontré con el bonito dilema de revelar un rollo de 120 etiquetado EI200, Villanueva sol y niebla.
Opté por la regla de oro y revelé poco, mejor dicho, revelé muy diluido y algo largo, ma non troppo, como en la música. El resultado es correcto (el esperado) para los primeros fotogramas y algo escaso para los últimos. Tal vez debería haber hecho caso al corazoncito y revelar para los de la niebla aún perdiendo los contrastados del sol, pero es lo que tiene, ya lo dije, revelar un rollo de película. Algunas veces te equivocas de elección.
La mala suerte quiso premiar ese rollo, además, con los fotogramas arruinados por las marcas ya comentadas anteriormente en otra entrada. Total, que solamente me quedan dos imágenes sobre las que trabajar de aquella estupenda mañana de niebla por La Mancha.

Notas: Negativos realizados sobre película Ilford HP5+, EI200, revelada con Rodinal, 1+99, 20 minutos, 23º. La fotografía es una copia directa de prueba, 15×20 aproximadamente, en Agfa Record Rapid, #2, revelada en G262. Ambas imágenes proceden del escaneado de las fotos de papel.
Blizzard y chill factor en Valduvieco (II)
La ventisca de la tarde dejó una noche tranquila de estrellas y de helada, así que la mañana era limpia y fría al entrar de nuevo en Valduvieco, y el cielo azul metalizado, como un reflector, daba al paisaje la fuerza extraordinaria del brillo de la nieve. Por la tarde, al subir a las eras, los charcos se helaban en el lado umbrío de la pista, y la luz amarilla presagiaba la caída temprana de la noche. Dimos la vuelta mientras el sol se partía entre las ramas desnudas de los robles dejando una cuña rosa sobre el suelo y un calorcillo ligero en nuestra espalda. Con la tenue luz crepuscular, sin rastro de sombras ya, los caminos y los surcos, los árboles, los rastrojos y las matas, parecían trazados con lápiz sobre el papel azulado de la nieve.
Nota: Mamiya RZ67, 110 mm. Negativo Ilford HP5+, EI 160, revelado en HC110, 1+63, 12′ @ 20º. Copia sobre Ilford Warmtone, 30×40, brillo, revelada en G262 y virada en sepia y selenio.
Foto en color de Lucas y su teléfono móvil.
Blizzard y chill factor en Valduvieco (I)
A juzgar por las previsiones meteorológicas que presentan los medios de comunicación parece que cada invierno nos aproxima a una nueva era glaciar y el verano que viene va a ser el que nos convertirá definitivamente en un tostadero de dimensiones planetarias. Pasa como en el terreno deportivo cada vez que juegan el Barcelona y el Madrid, siempre es el partido del siglo aunque se enfrenten cuatro veces cada año. Luego los datos estadísticos muestran que han sido las temperaturas más altas, o más bajas, del último lustro, y que las nevadas no han estado a la altura de una glaciación del Cuaternario, sino dentro de la media de los dos o tres años anteriores. Es un consuelo que sea así, pero tanta exageración por cuatro copos, más o menos, y algunos grados centígrados por debajo de la media normal de cada invierno crean –eso pienso- una psicosis colectiva que solamente sirve al propósito de tenernos pegados al televisor a la espera de ver cuando va a suceder el fin del mundo climatológico. Será que ya no salimos tanto a la calle, ni tenemos que pasar horas trabajando a la intemperie, y hemos perdido toda conciencia histórica en lo que toca a los fenómenos de la atmósfera. Salgo cada invierno, y siempre me parece que el aire es igual de frío; la nieve sigue dificultando cualquier maniobra, y en cuanto te descuidas las manos se quedan pegadas al metal de la cámara o el trípode, no sé si a cinco o a quince bajo cero, lo que sé es que el frío sigue siendo insoportable.
Aquel invierno no fue muy diferente a los demás, o eso creo, y en una de tantas salidas terminé en Valduvieco. Había nevado ligeramente y la capa caída apenas levantaba un palmo, pero el viento soplaba sobre la planicie sin ninguna clase de obstáculo, levantando chispas de nieve en polvo como burbujas de champán, al tiempo que rizaba la nieve y tallaba sobre ella unas formas más propias del blizzard nórdico que de la meseta castellana. No tengo ni idea de qué temperatura habría, pero hacía un frío del copón, seguramente cosa del chill factor ese que dicen. Resumiendo, hacía el tiempo ideal para estar fotografiando casas de aperos de labranza, árboles desnudos y campos de nieve, abrigado hasta las orejas con la parka, notando en las manos un escozor cada vez más fuerte y pensando en terminar rápido para ir a tomar un café caliente en el primer bar que encontrase. En definitiva, pasándolo bien.
Nota: Mamiya RZ67, 110 mm. Negativo Ilford HP5+, EI 160, revelado en HC110, 1+63, 12′ @ 20º. Copia sobre Ilford Warmtone, 30×40, brillo, revelada en G262 y virada en sepia y selenio.
Foto en color de Lucas y su teléfono móvil.
Hablando de desastres. ¿Alguna idea?
En relación al desastre de Animalitos, comentaba con Óscar (singlecoated) el tema de la suerte que supone que la desgracia caiga sobre unos rollos -o fotogramas- u otros. Y le decía que a mí me parece que siempre me cae en aquellos en los que tengo más interés o considero mejores. Recuerdo que Galen Rowell recomendaba hacer duplicados de las mejores diapositivas para evitar el riesgo de perderlas por accidente, o mejor aún, disparar varias veces -más barato que duplicar- sobre ese tema del que crees tener una foto de Pulitzer a fin de minimizar el riesgo de desastre en cualquiera de las fases que van de la toma a la copia. Yo no hago horquillados en las tomas, y como tiro en plan rata tratando de aprovechar cada toma con motivos diferentes, pues pasa lo que pasa.

Exactamente lo que ocurrió con uno de los rollos de fotos de la última estancia en La Mancha. Me pasé la mitad de una fría mañana de niebla frente a una casa con árboles tratando de cuadrar la perspectiva y aprovechar la mejor luz, jugándomela con cinco tomas diferentes de los que terminé muy orgulloso. Ya en casa revelé como siempre, con los cinco sentidos puestos en todo y con la misma pulcritud de otras veces. Por eso, al recortar los fotogramas me sentí enormemente frustrado al ver las marcas que destrozaban uno de ellos de arriba a abajo y moteaban el otro de forma más leve pero igual de destructiva. No he sido capaz de averiguar qué ocurrió, pues una vez descartada la posibilidad de un depósito de algún material que pudiera ser limpiado ha quedado en evidencia que se trata de una especie de mini-ampollas surgidas por alguna razón en la base del film, que no afecta a la capa de emulsión pero que convierte en inservibles a ambos negativos. He repasado el proceso y sólo se me ocurre que tal vez al lavar la película echase agua caliente por error sobre el rollo en la espiral ya que tenía que mezclar el caudal de agua fría y caliente. Suelo esperar a que salga a la temperatura tibia que considero adecuada, pero pudo ser que no esperase lo suficiente, que no lo comprobase, y que ese calor haya ocasionado las ampollas. También cabe la posibilidad de un defecto de la película en el proceso de fabricación, lo digo porque nunca antes me había pasado y tampoco me ha ocurrido con un rollo revelado de forma idéntica ayer. Vaya usted a saber.
Proporciones correctas
Bastó un ligero ascenso o descenso de la lente para que la perspectiva variase de forma dramática; y una leve rotación hizo que el trecho entre la tierra y el cielo cambiase como sólo la vida sabe hacerlo en algunas ocasiones. Por eso busqué proporciones correctas, y cuanto más simples, más perfectas las creí. Aún así, todavía me quedé mirando con asombro el patrón extraño que escondían los oteros del paisaje y la ecuación que regía el paso de las nubes.
Nota: Mamiya RZ67, 110 mm. Ilford HP5+, EI200, revelado en HC110, dilución 1+63, 11′ @ 20º. La fotografía es una copia sobre Forte PW 15, 30×40, revelada en G262, sin virar.






